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“Todos aquellos lugares por donde anduvimos en la infancia, mantienen una resonancia intensa que solo el sentido mágico de los sueños devuelve de vez en cuando con nostálgica perseverancia.”
Juan Carlos Santaella
CALLEJERO
Mi primer recuerdo de la calle se inicia con un accidente. Tenía cinco años de edad.
Estábamos jugando “al Pico” y en una parte del juego tenías que salir corriendo a recoger el pico. Sin medir peligros, concentrado en el juego, salto a la calle y... ¡CATAPLUM! ... Todo se puso negro, totalmente negro... Me fui.
Desperté en la ancha cama matrimonial de mis padres rodeado por un gentío. Allí estaban mis padres, algunos hermanos y entre ellos Roberto, testigo presencial del accidente porque estaba jugando conmigo, el médico, una pareja que iba en el taxi y el asustado y lívido taxista que sonrió aliviado al verme abrir los ojos. Gracias a Dios, aparentemente el taxi me dio un topetón en la frente dejándome instantáneamente sin sentido y me lanzó a unos metros del vehículo dándole tiempo de frenar.
¡Qué curioso! cómo recuerdo el pañuelo que me apretaba fuertemente un duro (cinco pesetas) sobre el grandísimo chichón que tenía en la frente. Mi ilusión era, una vez que cediera el chichón, quedarme con el duro. Pero en un abrir y cerrar de ojos el duro había desaparecido. (¡Era una fortuna!)
Mí mundo eran los cromos y las historietas, conocidas genéricamente como tebeos, justamente por el popular semanario infantil “TBO” con sus famosos personajes; Jaimito, Mortadelo y Filemón, los hermanos Zipi y Zape, Anacleto, las Hermanas Gilda, Doña Urraca, Carpanta… siempre en la memoria. Aunque a mí me gustaban más las historietas de aventuras. Eran unos cuadernillos apaisados de más o menos 16 páginas en blanco y negro. Empecé con el héroe más famoso, “El Guerrero del Antifaz”. Salió en 1944 y terminó su publicación en 1966.
La historia se ubicaba en los últimos años de la reconquista, con los Reyes Católicos. Su madre la Condesa de Roca, con dos meses de embarazo, es raptada por Ali Kan. Al nacer, Ali Kan cree que es su hijo. Al principio el guerrero peleará a su lado, hasta que su madre le descubre la verdad… y ahí, surge su antifaz volteándose contra los sarracenos.
Luego por supuesto estaba “ROBERTO ALCAZAR Y PEDRÍN”
Esta serie del detective y su joven acompañante es la historieta más longeva, nació en 1940 (anterior al Guerrero del Antifaz) y terminó en 1976 (10 años más que el Guerrero). En su momento álgido llegaron a editarse ¡¡500.000 ejemplares de cada número!! Sus historietas popularizaron frases eufemísticas como ¡OSTRAS, PEDRÍN!, ¡TRAGA JARABE DE PALO!, ¡TOMA DEL FRASCO CARRASCO!
El dibujante que más me emocionó por la acción, la soltura de su mano y sus buenas ambientaciones, fue Luis Bermejo el dibujante de “AVENTURAS DEL FBI” la serie apareció en 1951 (más cónsona con mi edad), fue la única que coleccioné y me llevé a Venezuela los primeros 25 números empastado y dos almanaques anuales.
Y hablando de dibujantes no podemos olvidarnos del famoso Gago, Manuel Gago el del Guerrero, cuyos dibujos eran un tanto descuidados, por la rapidez y cantidad que hacía. Los de Eduardo Vañó, el de Roberto Alcázar, como se pueden apreciar eran más planos y antiguos, de principio de siglo.
Otra cosa que tenían en común casi todas las historietas, posiblemente sugeridas por Roberto Alcázar, es que el protagonista estaba acompañado por un joven “Pedrín”, un compañero aprendiz y aventurero: El Guerrero del Antifaz y Fernando, el agente del FBI Jack Hope, por Billy Boy, y en este caso, formando el trío, por un gordo llamado Sam. Pero el muchacho más conocido de las historietas que actuaba solo fue “Cuto”, salido de la mano extraordinaria de Jesús Blasco.
Otro dibujante fabuloso fue Boixcar, nunca olvidé su nombre por exótico y porque plasmaba con un realismo impresionante toda la maquinaria de guerra; tanques, aviones, jeep, cañones y armas, y eso a mí me parecía dificilísimo... Sin embargo mi amigo José María Arenas copiaba estupendamente y en tinta china los dibujos de Boixcar de “Hazañas Bélicas”.
Y ya para terminar con este capítulo de más de seis años devorando historietas, la última que salió en 1955 antes de venirnos a Venezuela, fue “Mendoza Colt”. Conservo los primeros números. Ricardo Mendoza (Mendoza Colt), es un intrépido pistolero con sangre hispana en sus venas que maneja con tanta habilidad sus revólveres como persigue malvados en el lejano Oeste. Siempre acompañado por Rabietas (Patas Cortas), un señor gordo como el del FBI, Sam, aunque este era bonachón.
La dibujada Salvador-Armando. Su dibujo, muy bueno, pero me parecía remilgado para una historia del Oeste.
Y como toda buena historieta no deje de leer nuestro próximo título:
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